viernes, 11 de marzo de 2011

THe BuTCHeR

Un buen carnicero debe saber desollar bien las piezas, sangrarlas, hacer de su labor escabrosa un hermoso arte. Su fiel amante, silencioso filo que separa tejidos con una caricia de bella inercia, sin apenas coste forzoso. Saben donde aplicarse ambos para que trozo a trozo, mejor dicho, pedazo a pedazo te vayan dejando tendido en el suelo. No solo juega el poco esfuerzo sino el aprovechamiento máximo de cada una de tus partes, sin escrúpulo alguno, y tu cuerpo, entre la muerte y la putrefacción, solo siente el cosquilleo de la lámina que rebusca sigilosa el ángulo perfecto, te desmonta y las vísceras caen por su propio peso que no es poco. Eso es arte. El traje blanco impoluto del hacedor, cuanto mas blanco al finalizar su tarea mas valiosa su labor.
Hermoso lienzo cariño, hermoso visto desde todos los ángulos de todos los trozos que ven ya solo colgando boca abajo mi esquelética osamenta blanca, sí, pero ensangrentada, no como tu pulcra figura ataviada del color que todo lo repele.
Algún día te atravesaran a ti por los tobillos e inerte sentirás un cosquilleo frío recorriendote de arriba a abajo, sintiéndote a cada golpe mas ligera.

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