Definitivamente, creo que no se puede confiar en el ser humano como ser humano.
Se pueden confiar en los amigos, en la familia…
Pero cuando el roce no es estrecho, cuando no hay una implicación directa, sino indirecta con el resto del mundo, el compromiso flaquea.
-
Algunas veces digo:
- No quiero decir nada porque luego todo lo que diga puede ser utilizado en mi contra.
Cuando lo que realmente quiero es vomitarlo todo y quedarme tranquila. Lejos de tonterías.
A veces me veo sin hambre, llevándome la cuchara una vez tras otra, a la boca.
Feliz año familia.
viernes, 31 de diciembre de 2010
domingo, 26 de diciembre de 2010
PeRRoS De RaZa I
Camino de nuevo por la vereda estrecha que lleva a tu casa, bordeada por una hilera de árboles, que han visto pasar a cientos como yo y, tras ellos, unos muros de pared seca de unos dos metros que solo me permiten ver las colinas que quedan a lo lejos. En las zonas mas sombrías, la hierba, de un verde prematuro, crea grandes playas mientras que el musgo invade las rocas inconquistables. Me hubiese gustado pasear este tramo a tu lado, en vez de hacerlo solo, con el incentivo de que tú me esperarás a la llegada como premio por mi hazaña, pero cedo siempre a tus ideas, dejándome caer en un abismo, si fuera preciso, para aplacar tu proselitismo hemoglóbico. Dos pájaros cruzan mi vista para romper con mis hilos de raciocinio, alzando mi atención a un cielo azul y calmo, permitiendo a mis sesos una descompresión de segundos. Mis pies siguen, automáticamente, tanteando las rocas que, de vez en cuando, manchan el camino. Los dejo hacer. Aún no logro entenderlo. Vuelvo mi vista al camino y veo que una masa oscura aparece girando por el siguiente recodo. Para en seco. Me enseña su dotada dentadura. Sin lugar a dudas un hermoso ejemplar macho de RoTTWeiLeR. Se me paraliza el cuerpo entero al entender que no es feliz de verme. Un segundo mas tarde salgo corriendo, dando la vuelta, como en mi vida lo he hecho. Dos, tres, cinco pasos y su mandíbula engancha mi tobillo como juguete de trapo, haciéndome caer de bruces al suelo. Trato de girarme mientras mis ojos buscan a esa bestia enfadada quien sabe por qué, y lo único que atinan a ver es esa dentadura abriéndose y colocando en mi centro visual su lengua salivada y su respectiva campanilla acercándose rápidamente. Su mandíbula cierra y mi cráneo cede.
María, Lila, Lali y alguien más.
Era una tarde de verano.María tenía 6 años. Jugaba en la puerta del garaje de casa, con dos muñecas. Lila y Lali.
Estaba absorta, totalmente entregada al juego con sus dos amigas de plástico.
A unos metros, desde la barandilla del porche, él la observaba mientras se bebía una cerveza.
- María.
María levanta la cabeza y dirige sus ojos hacía esa voz, hacia el porche.
- Ven. - Le dice la voz. - Te daré un beso de amor como en las películas.
María, estremecida por la situación, aunque no muy consciente, agarra a Lali y se va corriendo.
Mientras huye, se da cuenta que Lila se ha quedado allí, en el suelo, delante del garaje.
jueves, 23 de diciembre de 2010
..::MiS DeMoNioS::..
Yo le dije que no se acercara pero, una vez mas, no me hizo caso y, aceptando que no tenía razón, ordenó a sus zarpas dar un par de pasos mas. Estaba lo sufientemente cerca como para hacerse daño, pero a ella no le dolía, es mas, creo que nunca la hirió. No se como siempre sufro cuando se acerca tanto; en el fondo no le importo, tampoco debería importarme ella a mi, pero no lo puedo evitar, me sobresalto cada vez que lo hace. Me fijo en sus alas rojas, de murciélago, con esas garras, en la parte mas alta, que utiliza para trepar por donde puede cuando no tiene sitio para volar. Intentó hacerse un hueco entre la humanidad y nunca lo consiguió... o tal vez no le dejaron. No recuerdo la última vez que me sonrió, pero lleva a mi lado desde que nací, siempre con su mirada mate, apagada como una casa abandonada por un mal augurio. A veces, cuando se decide y no tiene otra cosa que hacer, me agarra fuerte de la muñeca y me lleva, volando, hacia donde ella quiere. A mi me encanta, siempre supo elegir un buen sitio donde parar para que el Sol se reflejara en mis ojos y emitiera un destello de colores. Es en esos momentos cuando parece que en su boca, embutida de dientes punzantes como alfileres, se intente abrir paso lo mas parecido a una sonrisa, que solo acaba siendo una mueca extraña, obligada por los músculos de sus mejillas. Cuando acabó de hacerse la cena en las palmas de sus manos, sobre ese fuego fatuo de podredumbre añeja, me enguyó como si no fuera mas que una pequeña porción de insecto insignificante.
CaDaVeR eXQuiSiTo
El pez, con movimientos arrítmicos, luchaba por su vida.
¿Qué es lo importante de todo, al fin y al cabo?
Todos miraban asintiendo, gozando con aquella situación tan dantesca.
Vísceras emocionales, sensaciones viscerales.
Cuando todo aquello hubo acabado el gentío se dirigió a su casa lleno de regocijo.
El brillo de sus ojos era, en realidad, una reluciente hacha.
En todos quedó esa imagen y sabían que nunca hubiesen deseado estar en el lugar de aquel pobre pez.
Ahogado, ya, de sangre propia y mate.
Quedó oscuro, como el azabache mas puro en la mirada de un ciego.
Demasiado hachís bizarro.
¿Qué es lo importante de todo, al fin y al cabo?
Todos miraban asintiendo, gozando con aquella situación tan dantesca.
Vísceras emocionales, sensaciones viscerales.
Cuando todo aquello hubo acabado el gentío se dirigió a su casa lleno de regocijo.
El brillo de sus ojos era, en realidad, una reluciente hacha.
En todos quedó esa imagen y sabían que nunca hubiesen deseado estar en el lugar de aquel pobre pez.
Ahogado, ya, de sangre propia y mate.
Quedó oscuro, como el azabache mas puro en la mirada de un ciego.
Demasiado hachís bizarro.
martes, 7 de diciembre de 2010
a-FiRMaNDo
No son más que dos caballos blancos hermosos como no hay en el mundo.
No son más que las campanadas fúnebres marcando el final de una vida.
No son más que mis palabras que te hacen reseguir este hilo de tinta.
Ni que mi cuerpo de materia tangible.
No son más que mis pensamientos.
domingo, 5 de diciembre de 2010
eSCoNDieNDo SuS MieDoS
Toda la casa estaba temblando, hacía ya unos días que los aparatos eléctricos ya no funcionaban y los muebles estaban estriándose por todas partes, la mesita del salón ya se había quebrado entera posándose sobre el suelo por mas sitios que sus cuatro patas, los marcos de las puertas se partían y empezaban, peligrosamente, a perder las formas . Todo dentro del edificio había olvidado su utilidad y la casa en si estaba a punto de cambiar su estado a “no habitable”, suerte que aquí aun no había empezado a llover... Me di la vuelta y le abracé. Por unos instantes todo paro de moverse antes de caer derrumbado.
lunes, 22 de noviembre de 2010
S'aLoNe 1.2.
Sus parpados comienzan ya a pesar cuando suena el teléfono
-Diga?
-Hola, ¿Se encuentra el señor Y. ?
-Sí, yo mismo
-Quería preguntarle si aun recuerda aquella vieja cámara de fotos que guardaba sobre su estantería en la que almacenaba lo que usted llamaba como “pequeños tesoros”.
-La recuerdo, como no. Un trozo pesado de metal que cabía en la palma de la mano.
-¿Y ya esta?!
Un flash le ciega el cerebro mientras un puñal comienza a sangrar sus recuerdos. Doloro y lento, muy lento.
-P...p...pero... como lo sabe?!
Un millar de historias le pasan por la cabeza. Un chico, de espaldas a una barandilla, saludando, y unas hermosas cataratas detrás. Ella, hermosa, echada en la arena, jugando con su pelo. Ambos montados en una moto, sonriendo. Una casa humilde en medio de un prado. De nuevo ella sentada en una escalera...
¿Cuanto tiempo hacia de todo eso? ¿Que mas había en su mente que no se dejaba recordar?
En el teléfono no se oía ya a nadie, lo colgó y giró sobre sus talones buscando con sus ojos la estantería, aquella dichosa estantería, pobre y vacía como su vida.
-Diga?
-Hola, ¿Se encuentra el señor Y. ?
-Sí, yo mismo
-Quería preguntarle si aun recuerda aquella vieja cámara de fotos que guardaba sobre su estantería en la que almacenaba lo que usted llamaba como “pequeños tesoros”.
-La recuerdo, como no. Un trozo pesado de metal que cabía en la palma de la mano.
-¿Y ya esta?!
Un flash le ciega el cerebro mientras un puñal comienza a sangrar sus recuerdos. Doloro y lento, muy lento.
-P...p...pero... como lo sabe?!
Un millar de historias le pasan por la cabeza. Un chico, de espaldas a una barandilla, saludando, y unas hermosas cataratas detrás. Ella, hermosa, echada en la arena, jugando con su pelo. Ambos montados en una moto, sonriendo. Una casa humilde en medio de un prado. De nuevo ella sentada en una escalera...
¿Cuanto tiempo hacia de todo eso? ¿Que mas había en su mente que no se dejaba recordar?
En el teléfono no se oía ya a nadie, lo colgó y giró sobre sus talones buscando con sus ojos la estantería, aquella dichosa estantería, pobre y vacía como su vida.
sábado, 20 de noviembre de 2010
S'aLoNe
- Hola, buenos días. Solo venia a tramitar un par de asperezas. Si quiere que le diga la verdad no amo nada, no tengo nadie ni nada que me pueda importar, por eso venia a que me aconsejara, porque como usted comprenderá, mi vida es aburrida y no tengo valores que respetar. Acaba resultando un tanto desesperante.
Cuando llegó a su casa, después de haber pasado por el dispensario, dejó las llaves sobre el mueble y se echó en la butaca, por un lado cansado y por el otro expectante, anheloso de saber qué le podía quitar las ganas de vivir que no poseía. El salón que le rodeaba se encontraba casi vacío. El sillón, en el que se encontraba totalmente embutido, de cuero negro desgastado, tras él, tocando con la pared, una mesita de noche con una lámpara de luz tenue, y sobre ella, nueve pequeños cuadros de marco dorado. Un teléfono antiguo cuelga al lado de los cuadros mientras una cajonera custodia la puerta. Frente al sillón, entre dos ventanas, una estantería en la que solo se ven cuatro objetos inservibles. Antaño estaba atestada de cacharros y recuerdos curiosos, pero desde que dejaron de importarle habían ido desapareciendo sin que reparase en su ausencia.
Cuando llegó a su casa, después de haber pasado por el dispensario, dejó las llaves sobre el mueble y se echó en la butaca, por un lado cansado y por el otro expectante, anheloso de saber qué le podía quitar las ganas de vivir que no poseía. El salón que le rodeaba se encontraba casi vacío. El sillón, en el que se encontraba totalmente embutido, de cuero negro desgastado, tras él, tocando con la pared, una mesita de noche con una lámpara de luz tenue, y sobre ella, nueve pequeños cuadros de marco dorado. Un teléfono antiguo cuelga al lado de los cuadros mientras una cajonera custodia la puerta. Frente al sillón, entre dos ventanas, una estantería en la que solo se ven cuatro objetos inservibles. Antaño estaba atestada de cacharros y recuerdos curiosos, pero desde que dejaron de importarle habían ido desapareciendo sin que reparase en su ausencia.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
DeSPeRTaR
Mis músculos se sienten relajados, como si fueran muñones de plastelina. Mi rostro, envuelto en un agradable aire gélido, el resto del cuerpo, enterrado entre edredón y colchón a temperatura febril. Intento alargar la mano y, con un movimiento preciso, la dejo caer por su propio peso encima del despertador. Por suerte es un gesto ensayado, nunca falla. Abriendo un ojo después de otro decido que es hora de levantarse, de empezar el dia. Bajo las escaleras mientras envuelvo mi cuerpo en una bata que no se encuentra acorde con mi temperatura y empiezo una de esas típicas mañanas, preparando la cafetera automáticamente. Enciendo el fuego y la poso sobre las llamas. Mientras tanto, voy poniendo en el ordenador algo de música, hasta que la cafetera me da la señal de que si no la visito pronto se echara a perder. Me acerco rápidamente y, lanzando mi mano derecha hacia el asa cometo un error milimétrico y la golpeo en vez de asirla, con lo que la estabilidad de la cafetera baja a mínimos hasta que se vuelve nula y cae derramando todos mis esfuerzos matinales por encima de la cocina... Sí, hoy es uno de esos días en que no me importaría morir, aunque si la muerte me cogiese un día como hoy no tendría a quien llamar.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Un rayo partió la noche en dos. El blanco inmaculado rasgó el oscuro telón mientras las lágrimas resvalaban por su mejilla. Aquélla era la primera chispa de luz que veía en meses, augurando un inminente cambio.
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