El pez, con movimientos arrítmicos, luchaba por su vida.
¿Qué es lo importante de todo, al fin y al cabo?
Todos miraban asintiendo, gozando con aquella situación tan dantesca.
Vísceras emocionales, sensaciones viscerales.
Cuando todo aquello hubo acabado el gentío se dirigió a su casa lleno de regocijo.
El brillo de sus ojos era, en realidad, una reluciente hacha.
En todos quedó esa imagen y sabían que nunca hubiesen deseado estar en el lugar de aquel pobre pez.
Ahogado, ya, de sangre propia y mate.
Quedó oscuro, como el azabache mas puro en la mirada de un ciego.
Demasiado hachís bizarro.
Cuánto fleco, Naranjito.
ResponderEliminar