Sus parpados comienzan ya a pesar cuando suena el teléfono
-Diga?
-Hola, ¿Se encuentra el señor Y. ?
-Sí, yo mismo
-Quería preguntarle si aun recuerda aquella vieja cámara de fotos que guardaba sobre su estantería en la que almacenaba lo que usted llamaba como “pequeños tesoros”.
-La recuerdo, como no. Un trozo pesado de metal que cabía en la palma de la mano.
-¿Y ya esta?!
Un flash le ciega el cerebro mientras un puñal comienza a sangrar sus recuerdos. Doloro y lento, muy lento.
-P...p...pero... como lo sabe?!
Un millar de historias le pasan por la cabeza. Un chico, de espaldas a una barandilla, saludando, y unas hermosas cataratas detrás. Ella, hermosa, echada en la arena, jugando con su pelo. Ambos montados en una moto, sonriendo. Una casa humilde en medio de un prado. De nuevo ella sentada en una escalera...
¿Cuanto tiempo hacia de todo eso? ¿Que mas había en su mente que no se dejaba recordar?
En el teléfono no se oía ya a nadie, lo colgó y giró sobre sus talones buscando con sus ojos la estantería, aquella dichosa estantería, pobre y vacía como su vida.
lunes, 22 de noviembre de 2010
sábado, 20 de noviembre de 2010
S'aLoNe
- Hola, buenos días. Solo venia a tramitar un par de asperezas. Si quiere que le diga la verdad no amo nada, no tengo nadie ni nada que me pueda importar, por eso venia a que me aconsejara, porque como usted comprenderá, mi vida es aburrida y no tengo valores que respetar. Acaba resultando un tanto desesperante.
Cuando llegó a su casa, después de haber pasado por el dispensario, dejó las llaves sobre el mueble y se echó en la butaca, por un lado cansado y por el otro expectante, anheloso de saber qué le podía quitar las ganas de vivir que no poseía. El salón que le rodeaba se encontraba casi vacío. El sillón, en el que se encontraba totalmente embutido, de cuero negro desgastado, tras él, tocando con la pared, una mesita de noche con una lámpara de luz tenue, y sobre ella, nueve pequeños cuadros de marco dorado. Un teléfono antiguo cuelga al lado de los cuadros mientras una cajonera custodia la puerta. Frente al sillón, entre dos ventanas, una estantería en la que solo se ven cuatro objetos inservibles. Antaño estaba atestada de cacharros y recuerdos curiosos, pero desde que dejaron de importarle habían ido desapareciendo sin que reparase en su ausencia.
Cuando llegó a su casa, después de haber pasado por el dispensario, dejó las llaves sobre el mueble y se echó en la butaca, por un lado cansado y por el otro expectante, anheloso de saber qué le podía quitar las ganas de vivir que no poseía. El salón que le rodeaba se encontraba casi vacío. El sillón, en el que se encontraba totalmente embutido, de cuero negro desgastado, tras él, tocando con la pared, una mesita de noche con una lámpara de luz tenue, y sobre ella, nueve pequeños cuadros de marco dorado. Un teléfono antiguo cuelga al lado de los cuadros mientras una cajonera custodia la puerta. Frente al sillón, entre dos ventanas, una estantería en la que solo se ven cuatro objetos inservibles. Antaño estaba atestada de cacharros y recuerdos curiosos, pero desde que dejaron de importarle habían ido desapareciendo sin que reparase en su ausencia.
miércoles, 17 de noviembre de 2010
DeSPeRTaR
Mis músculos se sienten relajados, como si fueran muñones de plastelina. Mi rostro, envuelto en un agradable aire gélido, el resto del cuerpo, enterrado entre edredón y colchón a temperatura febril. Intento alargar la mano y, con un movimiento preciso, la dejo caer por su propio peso encima del despertador. Por suerte es un gesto ensayado, nunca falla. Abriendo un ojo después de otro decido que es hora de levantarse, de empezar el dia. Bajo las escaleras mientras envuelvo mi cuerpo en una bata que no se encuentra acorde con mi temperatura y empiezo una de esas típicas mañanas, preparando la cafetera automáticamente. Enciendo el fuego y la poso sobre las llamas. Mientras tanto, voy poniendo en el ordenador algo de música, hasta que la cafetera me da la señal de que si no la visito pronto se echara a perder. Me acerco rápidamente y, lanzando mi mano derecha hacia el asa cometo un error milimétrico y la golpeo en vez de asirla, con lo que la estabilidad de la cafetera baja a mínimos hasta que se vuelve nula y cae derramando todos mis esfuerzos matinales por encima de la cocina... Sí, hoy es uno de esos días en que no me importaría morir, aunque si la muerte me cogiese un día como hoy no tendría a quien llamar.
lunes, 15 de noviembre de 2010
Un rayo partió la noche en dos. El blanco inmaculado rasgó el oscuro telón mientras las lágrimas resvalaban por su mejilla. Aquélla era la primera chispa de luz que veía en meses, augurando un inminente cambio.
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