jueves, 23 de diciembre de 2010
..::MiS DeMoNioS::..
Yo le dije que no se acercara pero, una vez mas, no me hizo caso y, aceptando que no tenía razón, ordenó a sus zarpas dar un par de pasos mas. Estaba lo sufientemente cerca como para hacerse daño, pero a ella no le dolía, es mas, creo que nunca la hirió. No se como siempre sufro cuando se acerca tanto; en el fondo no le importo, tampoco debería importarme ella a mi, pero no lo puedo evitar, me sobresalto cada vez que lo hace. Me fijo en sus alas rojas, de murciélago, con esas garras, en la parte mas alta, que utiliza para trepar por donde puede cuando no tiene sitio para volar. Intentó hacerse un hueco entre la humanidad y nunca lo consiguió... o tal vez no le dejaron. No recuerdo la última vez que me sonrió, pero lleva a mi lado desde que nací, siempre con su mirada mate, apagada como una casa abandonada por un mal augurio. A veces, cuando se decide y no tiene otra cosa que hacer, me agarra fuerte de la muñeca y me lleva, volando, hacia donde ella quiere. A mi me encanta, siempre supo elegir un buen sitio donde parar para que el Sol se reflejara en mis ojos y emitiera un destello de colores. Es en esos momentos cuando parece que en su boca, embutida de dientes punzantes como alfileres, se intente abrir paso lo mas parecido a una sonrisa, que solo acaba siendo una mueca extraña, obligada por los músculos de sus mejillas. Cuando acabó de hacerse la cena en las palmas de sus manos, sobre ese fuego fatuo de podredumbre añeja, me enguyó como si no fuera mas que una pequeña porción de insecto insignificante.
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