domingo, 26 de diciembre de 2010

PeRRoS De RaZa I

 Camino de nuevo por la vereda estrecha que lleva a tu casa, bordeada por una hilera de árboles, que han visto pasar a cientos como yo y, tras ellos, unos muros de pared seca de unos dos metros que solo me permiten ver las colinas que quedan a lo lejos. En las zonas mas sombrías, la hierba, de un verde prematuro, crea grandes playas mientras que el musgo invade las rocas inconquistables. Me hubiese gustado pasear este tramo a tu lado, en vez de hacerlo solo, con el incentivo de que tú me esperarás a la llegada como premio por mi hazaña, pero cedo siempre a tus ideas, dejándome caer en un abismo, si fuera preciso, para aplacar tu proselitismo hemoglóbico. Dos pájaros cruzan mi vista para romper con mis hilos de raciocinio, alzando mi atención a un cielo azul y calmo, permitiendo a mis sesos una descompresión de segundos. Mis pies siguen, automáticamente, tanteando las rocas que, de vez en cuando, manchan el camino. Los dejo hacer. Aún no logro entenderlo. Vuelvo mi vista al camino y veo que una masa oscura aparece girando por el siguiente recodo. Para en seco. Me enseña su dotada dentadura. Sin lugar a dudas un hermoso ejemplar macho de RoTTWeiLeR. Se me paraliza el cuerpo entero al entender que no es feliz de verme. Un segundo mas tarde salgo corriendo, dando la vuelta, como en mi vida lo he hecho. Dos, tres, cinco pasos y su mandíbula engancha mi tobillo como juguete de trapo, haciéndome caer de bruces al suelo. Trato de girarme mientras mis ojos buscan a esa bestia enfadada quien sabe por qué, y lo único que atinan a ver es esa dentadura abriéndose y colocando en mi centro visual su lengua salivada y su respectiva campanilla acercándose rápidamente. Su mandíbula cierra y mi cráneo cede.

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